Proyecto MANSO. Entrevistas en profundidad (3). A Pere Llopart, Llopart

22 Abr 2026

Entrevista a Pere Llopart, enólogo de Llopart

1. En vuestro caso, ¿cómo se manifiesta la sequía en las viñas de la bodega y qué efectos habéis notado más directamente?
La sequía se ha manifestado principalmente con una disminución de la producción, especialmente en aquellas parcelas donde se ha producido la muerte de cepas o la desecación parcial de las plantas. El estado hídrico deficitario ha limitado el crecimiento vegetativo y la producción y, en casos extremos, ha provocado la muerte de la cepa. También se ha observado una reducción de la fotosíntesis, con envejecimiento o caída prematura de las hojas, así como un aumento de plagas y enfermedades como el mosquito verde o la Xylella fastidiosa.

A nivel de fruto, se ha producido una pérdida de peso, pasificación y una mayor oxidación, junto con una disminución de la acidez, especialmente del málico, y una pérdida de intensidad aromática y de tipicidad varietal. Además, se ha detectado un adelanto y acortamiento del ciclo vegetativo y de maduración, así como un desfase entre la maduración de la pulpa y la de las pieles y semillas. Todo ello se acompaña también de una pérdida de biodiversidad en el suelo y de una progresiva inadecuación de algunas variedades a las nuevas condiciones climáticas.

2. El proyecto MANSO ha puesto el foco en el suelo. ¿Qué habéis descubierto sobre la relación entre el suelo y la calidad de la uva?
Hemos visto que, con una gestión adecuada del suelo, se puede mejorar la infiltración y la retención del agua de lluvia. Esto se traduce en una mayor disponibilidad de agua para la viña, lo que repercute directamente en su comportamiento.

En este sentido, el suelo se convierte en un elemento clave para sostener la calidad de la uva, especialmente en contextos de sequía, ya que condiciona la disponibilidad hídrica a lo largo del ciclo vegetativo.

3. ¿Hay alguna decisión de manejo de la viña que antes no teníais en cuenta y que ahora veis clave?
Actualmente se ha producido un cambio de mentalidad hacia una gestión mucho más intensiva del suelo, ya que se considera un factor fundamental. Se intenta aplicar todas las prácticas de manejo del suelo posibles y al alcance, con una visión mucho más proactiva que antes.

Esta forma de trabajar responde a la necesidad de optimizar al máximo los recursos disponibles y mejorar la respuesta de la viña ante situaciones de estrés hídrico.

4. ¿Cómo valoráis el papel de la cubierta vegetal en vuestro contexto concreto de viñedo de montaña o en pendiente?
La cubierta vegetal se considera imprescindible cuando las condiciones son favorables, siempre que se implemente de forma activa y temporal, con una gestión adecuada y limitada a determinadas épocas del año. No se trata de una solución permanente, sino de una herramienta que debe adaptarse a cada situación.

En entornos de montaña o en viñedos en pendiente, además, tiene un papel muy relevante en la reducción de la erosión del suelo, contribuyendo a su conservación.

5. ¿Cuál ha sido el principal aprendizaje práctico que os lleváis del trabajo con los equipos de investigación?
El trabajo con los equipos de investigación ha servido para reafirmar muchas de las prácticas que ya se estaban aplicando, pero también para entender que es necesario poner aún más énfasis en el momento y en la forma en que se realizan los trabajos de manejo del suelo.

Estos dos factores —el cuándo y el cómo— se vuelven clave, especialmente con la incorporación de sensores, analíticas y la toma previa de muestras, que permiten afinar mucho más la toma de decisiones.

6. Uno de los objetivos del proyecto era facilitar la transferencia de conocimiento. ¿Cómo valoráis esta conexión entre investigación y sector productivo?
Se considera una conexión indispensable. La transferencia de conocimiento permite aplicar de forma práctica los resultados de la investigación y adaptarlos a la realidad del campo.

Además, facilita un intercambio continuo que enriquece tanto al sector productivo como al ámbito científico.

7. ¿Qué reto os preocupa más de cara al futuro de la viña: la gestión del agua, del suelo o de la temperatura? ¿Por qué?
La principal preocupación se centra, por este orden, en la gestión del suelo, del agua y de la temperatura. El suelo es el primero porque es el ámbito más accesible y donde se pueden obtener mejores resultados a corto y medio plazo mediante una buena gestión.

En segundo lugar, el agua, ya que se prevé que será necesario disponer de riego de apoyo, aunque sea limitado. Finalmente, la temperatura también es un factor preocupante, pero con menor margen de actuación; en este sentido, estrategias como el sombreo o la recuperación de la conducción en vaso de las cepas permiten reducir parcialmente la irradiación directa.